jueves, 6 de agosto de 2009

LOS BRUJOS EN CHILOE NO DESCANZAN.


ETELVINO AGUILA OJEDA.

No es comprensible que dos hermanos que han nacido y se han criado en el campo, que conocen su tierra y todo los alrededores, un día se internen en el bosque en busca de unos animales y no aparezcan más, y pese a la nutrida operación de rescate, incluidos vecinos, amigos, policías, bomberos, grupos de operaciones y hasta perros especializados sea imposible encontrarlos, y solo aparecen muertos un mes después. ¿Pero como? ¿Acaso estos hombres nacidos y criados en el campo que conocen el bosque mejor que nadie? ¿no sabían como sobrevivir en su propia tierra? Pero si solo bebiendo agua se puede sobrevivir 7 días, en siete días caminando no solo podían cruzar su bosque, sino que toda la isla si se lo proponen. Cómo si todos sabemos que el agua va a dar al mar, bastaba seguir un estero cualquiera para llegar a algún destino.
Estos casos son los que siguen alimentando y con mucha razón la mitología chilota. Este caso me hizo recordar una anécdota que me contaba un vecino. Y como dicen por allí, los nombres han sido cambiado para proteger la identidad de los autores. Digamos que don Blas Arismendi fue ha visitar a su vecino Nicanor García, y se dio la casualidad que cuando llegó a la casa, estaba también allí otro vecino que tenia fama de brujo pero que eran muy buenos amigos todos, el brujo era don Juan Ojeda. Y entre ellos no habían prejuicios ni temores y se trataban con absoluta familiaridad y confianza. A la llegada de Don Blas, el amigo Nicanor, quiso invitar a sus amigos a una chichita de manzana y como para ellos era mas familiar la “cocina a fogón” , partieron para allá con la chichita, unas papas enterradas en el fogón y una longaniza ahumada del “collin”, fueron el complemento perfecto para una agradable velada entre los amigos, muy pronto entre conversa, tallas y recuerdos, salen a la conversa algunos cuentos que circulaban por allí, y de inmediato don Blas le tira varias tallas a dn, Juan y otras tantas le tira don Nicanor riéndose de su fama de brujo que tenia en la zona, don Juan se suma al alegre parloteo de sus amigos y le sigue la corriente, riéndose de si mismo y haciendo bromas de muy buena gana respecto a su fama de brujo. Sin darse cuenta entre conversa, tallas, chicha y papas al rescoldo los pilló la noche, pero como era noche de luna don. Nicanor le sugirió que esperen a que salga la luna para regresar a sus casas y así lo acompañaban a otra chichita.
Don Blas no vivía a mas de 800 metros de distancia y si bien don Juan vivía un poco mas lejos, tampoco era una gran distancia, no pasaban de los tres kilómetros, así es que de buen grado decidieron, acompañar a su amigo un rato más, total como le decía don Blas,
-Juan con un par de aletazos esta en su casa.
- y Blas con una “vuelta carnero” no quiere más (le apodaban carnero)
Asi se dieron las nueve de la noche, la luna ya se habia levantado y la claridad inundaba todo el campo, entonces don Juan decidió retirarse ya que el vivía mas lejos , mientras que don Blas arreglaba sus bártulos que habia ido a pedir a su amigo, para también emprender el camino de regreso a su casa, rápidamente don Juan se pierde por la colina mientras don Blas se despide de toda la familia de don Nicanor y emprende su regreso. Su casa esta a poca distancia y por lo derecho aunque no hay camino, solo dificultan su paso un par de matorrales de espino que es preferible sortear a dar la vuelta por el camino publico, que en este tiempo se encuentra con abundante barro. Rápido y feliz emprende el regreso a casa pero al llegar a los primeros espino ve que una ligera neblina se levanta a ras de suelo, nada raro para esos tiempos, pero como su casa esta ya prácticamente a la vista ni siquiera le da importancia al hecho, sigue caminando rápidamente y casi sin darse cuenta se va metiendo en este pequeño manto de neblina, unos pasos mas y ya estaría fuera, frente a su casa, súbitamente la neblina lo envuelve y se mantiene como un pequeño manto por sobre su cabeza, la luna lo sigue alumbrando igual pero no ve al frente , solo hacia arriba puede ver la luna y las estrellas pero al frente neblina y espinos que se le atraviesan, esquiva uno y luego otro, y luego otro, y otro... y de pronto se da cuenta que ha esquivando muchos mas espinos que los que tiene la pampa, sigue caminando apresurada y nuevos espinos aparecen y el cerco al que tiene que llegar no se divisa por ningún lado, la visibilidad no es mala, puede ver a 25 o 30 metros , pero solo ve neblina y espinos. Sigue avanzando y sigue esquivando espinos hasta que comienza a sentir un leve cansancio, se detiene un momento y fija el rumbo a su casa, mira la luna y calcula la dirección de su casa, y aunque comprende que seguramente ha estado dando vueltas en circulo, fija la dirección y comienza a avanzar nuevamente sin perder de vista ni la luna ni su objetivo mas próximo, con tal de dirigirse en línea recta hasta el cerco que separa a poca distancia su casa. Pero luego de un buen rato, su situación no ha cambiado, sigue caminando, sigue envuelto en neblina y sigue encontrando espinos a su paso. Como ya las piernas le empiezan a pesar entiende que ya lleva mucho raro sin poder salir se esa pampa que no tiene mas que cien metros cuadrados, entonces se acuerda de su amigo Juan y de todas las bromas que le habían hecho, y medio en serio y medio en broma, le dice :
- ¡Ya Juan, corta tu leceo, o me dejas salir o mañana te la veras conmigo!
Nueva caminata, nuevos obstáculos y el cerco nada... entonces ya desesperado y molesto con el mismo, le grita con toda su rabia y con toda su angustia a su amigo.
- ¡¡¡Bueno Juan , o me sacar inmediatamente de aquí o mañana voy a tu casa y te “capo” por la buenas o por las malas!!!
Dicho esto comenta don Blas que la neblina comenzó a bajar lentamente, esquiva dos matas de espino mas y allí estaba el cerco y al otro lado su casa. Un escalofrío recorrió su cuerpo y angustiado llego a su casa para comprobar que al menos estuvo tres horas perdido prácticamente en plena pampa. Al día siguiente volvió a la pampa y pudo comprobar que las dificultades eran mínimas, y que no costaba nada cruzar esa pampa y que era imposible perderse allí, tanta fue su sorpresa y su obsesión que vendándose los ojos y premunido de una vara intento cruzarla y claro que lo logro sin mayor dificultad. Por ello no le quedo ninguna duda que el episodio vivido en la noche anterior no habia sido otra cosa que una broma de su amigo Juan, lo que confirmaba las habladurías de la gente. Y como el decía siempre cuando contaba este episodio “no creo en brujos Garay pero de que los hay los hay”.

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